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No puedo ayudarte...

Carlos es un buen amigo. 

Hace poco que superó los 40, pero ya peina más canas que George Clooney. En eso se parece bastante al bueno de George. 

En poco más se parecen. No tiene ni el porte ni el glamour del actor. Pero a buena persona le gana por goleada al galán, de eso no tengo ninguna nuda.

Carlos es un artesano con talento. 

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Carpintero por vocación y corazón, ha trabajado en todo lo relacionado con la madera. 

Tirando metros de parqué como si no hubiera mañana en la época del boom inmobiliario, forrando armarios, construyendo muebles, estanterías y porches de madera en adosados de familias felices de clase media con niños, perro y jardín.

Después de la crisis, él y su socio tuvieron que colgar el cartel del “cerrado” en su pequeña empresa de reformas. 

Así que ahora mismo ocupa su tiempo con lo que le va saliendo, y su talento lo invierte en crear lámparas artesanales de madera que vende por Internet.

Sabiendo a lo que me dedico, un día me invitó a tomar unas cervezas y mantuvimos esta conversación:

— Dani, tú te dedicas a hacer páginas web.
— Sí, es lo que hago en DespachoTres. Páginas corporativas para empresas y tiendas virtuales.

Cojonudo. Tengo una idea de negocio.
— A ver, que tienes mucho peligro. Cuéntame…

— Como sabes, llevo un tiempo haciendo lámparas. Lámparas artesanales de madera. Y he vendido algunas por Internet.
— ¿Y dónde las vendes?

— Es una página de esas donde la gente podemos vender cosas. Ya sabes, hay gente vendiendo todo tipo de cosas que hacen ellos mismos. 
— ¿Qué tipo de cosas?

— Regalos personalizados, objetos de cerámica, regalos para bodas. Todo tipo de cosas.
— Un “marketplace” se llama.

Bueno, no sé como se llama. Como un Amazon para temas artesanales. El caso es que cuando la gente me compra una lámpara, dejan su comentario. Y son buenos, a la gente le gustan mis lámparas. Así que me gustaría tener una página web donde pueda venderlas directamente.
— Una tienda virtual. Si quieres vender productos, necesitas una tienda virtual.

— Eso, una tienda virtual es lo que quiero. Quiero tener una tienda y poder vender en mi propia página. 
— Entonces quieres tener una tienda, que te encuentre mucha gente e hincharte a vender lámparas en tu web.

— Lo has “clavao”. Hincharme a vender. ¿Cuánto me costaría que me hicieras una tienda por Internet?
— Antes de eso, quiero preguntarte algo. ¿Qué sabes de Internet? 

— Navegar y poco más. Tengo Facebook y por ahí me sale algún contacto.
— ¿Y cuál es tu plan? Quiero decir, marketing. ¿Cuál es tu plan de marketing?

— ¿A qué te refieres?
— Me refiero a que cómo piensas hacer que la gente conozca tu tienda, la visiten y te compren.

— Pues lo voy a mover por mi Facebook, mis contactos y todo eso. Y luego el boca a boca…
— A ver, las cosas no funcionan así en Internet. Si piensas que por montar una tienda virtual y poner tus fotos en Facebook, Pinterest o publicar vídeos en TikTok moviendo el cucu o poniendo morritos, te van a llover las visitas y te vas a hinchar a vender… me temo que eso no va a pasar. Internet es como el mundo real, pero en digital. Enorme, sí, pero con mucha competencia.

El comercio electrónico es mucho más complicado que eso. Hay que saber de estrategias de marketing digital: marketing de contenidos, posicionamiento, email marketing.. y muchas cosas más.

Yo no tengo ni idea de eso.
— Lo sé, y por eso me temo que no voy a poder ayudarte. Para mí sería muy fácil seguirte la corriente. Hacerte una tienda estupenda, profesional y cobrarte por ello. Cuando la vieras, te encantaría, se la enseñarías con orgullo a todo el mundo. Pero…pasarían los meses y tu tienda sería como un solar abandonado donde hasta se escucharía la hierba crecer.

La conversación (con las lagunas que mi limitada memoria me permite) se alargó bastante más, lo mismo que el par de cervezas.

Esta misma conversación, tan parecida que podría ponerla en playback, la he repetido en decenas de ocasiones con clientes que contactan interesados en montar tiendas virtuales.

Y en todos los casos la repuesta ha sido, “lo siento, no podemos ayudarte”.

A ti no te conozco. 

Tampoco somos amigos.

Pero si nos solicitas un presupuesto, te atenderé personalmente. Y, como con mi amigo Carlos, tendremos una agradable conversación.

Y si podemos ayudarte o no, dependerá de tu caso particular. Tu negocio. Tus necesidades.

Pero te lo haré saber desde el primer momento. Hablarás conmigo con la tranquilidad de saber que no vamos a venderte algo que no necesitas.

A nosotros nos gustan nuestros clientes por su dinero, a nuestros clientes les gustamos por nuestra honestidad. 

¿A ti por qué te gustan tus clientes?

Dicho esto, si te apetece, deberías suscribirte a mi lista. Si no, pues nada.

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